Educación que divide
1 DICIEMBRE, 2018
Rafael de Hoyos
Reducir la desigualdad del ingreso es quizá el reto más importante que enfrentamos en México. Con un ingreso promedio cercano a los 170 mil pesos al año, el que más del 40% de los mexicanos viva en condición de pobreza, con menos de 30 mil pesos al año, muestra la gran cantidad de recursos concentrados en pocas manos. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, en 2016 el 10% más rico en México percibió ingresos 20 veces más altos que el 10% más pobre. Estas diferencias abismales ponen en entredicho el cumplimiento de derechos fundamentales establecidos en nuestra Constitución y tienen un efecto negativo sobre el crecimiento económico de largo plazo, entorpecen la creación de instituciones y propagan el descontento social.
Desde luego que el reto de la desigualdad no es nuevo. De hecho, sorprende su persistencia, el poco o nulo cambio que reportan las estadísticas de desigualdad en México —y en muchos otros países del mundo— a pesar de cambios importantes en la política social y económica del país. Entre 1992 y 2016, el tamaño del gobierno como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) pasó de menos de 18% a casi 25%, el gasto público destinado a educación creció de menos de 3% a más del 5% del PIB, el programa social insignia de trasferencias condicionadas registró una expansión enorme para alcanzar a casi siete millones de familias pobres, más de 57 millones de mexicanos están ahora cubiertos por el seguro popular y un larguísimo etcétera. Durante el mismo periodo, el índice de Gini, que va de 0 (todos tienen el mismo ingreso) a 1 (todo el ingreso nacional está concentrado en una persona) pasó de 0.51 a 0.48, es decir, apenas “ruido” en términos estadísticos.
La desigualdad del ingreso en México no disminuye porque no hemos dimensionado la tragedia que significa que un niño abandone el sistema educativo sin los aprendizajes mínimos. Y será imposible dimensionar la magnitud de la tragedia hasta que no pensemos en cada uno de los 15 millones de niños en educación básica que no alcanzan los aprendizajes mínimos como si fueran nuestros propios hijos. Sólo así no permitiríamos que el gasto público por estudiante entre los niños de más alta marginación —quienes atienden a escuelas comunitarias— fuera de sólo la mitad del gasto asignado a estudiantes en contextos menos vulnerables. Tampoco permitiríamos que nuestros hijos fueran a un centro educativo sin drenaje y agua corriente como ocurre en cuatro de cada 10 escuelas en México. Sería ofensivo que alguien nos propusiera que en lugar de maestros calificados a nuestros hijos los educara alguien que heredó o compró su plaza de docente o la obtuvo simplemente porque era el compadre del líder sindical en turno. Todo esto es precisamente lo que hacemos con nuestros niños más pobres.
La desigualdad del ingreso en México no disminuye porque no hemos sido capaces de construir instituciones que garanticen la igualdad de oportunidades. La desigualdad del ingreso no disminuye porque los niños más pobres en México no reciben la nutrición ni la estimulación e interacción temprana adecuada y, lejos de asignarles más recursos para compensar por su adversidad de origen, los condenamos a nuestras escuelas más pobres, orillándolos a una vida de precariedad. La desigualdad del ingreso no disminuye porque no hemos podido crear un sistema educativo que garantice los aprendizajes y las competencias necesarias para todos los niños y jóvenes, especialmente entre aquellos que, por su condición de origen, más lo necesitan. El primer paso para abordar la desigualdad es reconocer que ésta no es producto del azar, sino más bien el resultado lógico en un país cuya élite no se ha preocupado por ponerse en el lugar de los que menos tienen.
opinión:
considero esta opinión que es muy buena y de acuerdo Rafael Hoyos, la desigual es algo que cada vez se ha ido incrementado de manera en la que los jóvenes no pueden realizarse en su educación y esto orrillandolos a que tomen otros rumbos, por lo que si es importante que el gobierno tomo en cuenta todos los aspectos necesarios para que la educación pueda llegar hacia a todas las personas y hacia ninguna persona quede excluida de la educación por falta de recursos.







